06 IRSE
- Naiara Verdun
- 22 ago 2024
- 1 Min. de lectura
A veces me siento un poco más o un poco menos que mi yo de ayer. Me desgarro en mis temores y me tiro al piso con mis alegrías. Me voy, vengo, vuelvo. Me contradigo, me frustro, me da una nostalgia que es parte de esta nueva vida, extraño las comidas o más bien las manos de aquellos que las hacían y la mesa con quien se compartía. Me falta, me pongo, me saco, me hundo, me tomo un mate, nado como puedo, bailo como me sale, juego en mi demencia, me suelto el pelo porque me duele la cabeza de tanta tirantez absurda. Desecho dichos, historias, algunos relatos como si eso pudiera darme confianza, un abrazo o algo. Lo decido, lo niego, lo elijo y me arrepiento. Lo quiero, lo disfruto y lo anhelo. Me excuso, me escondo, escucho música y salgo a caminar. Prosigo, avanzo, retrocedo en la bruma de mi voluntarioso sentido del humor, en un lugar eternamente desconocido. Cada día es distinto, es como aprender a caminar, a decir las primeras palabras o andar en bici sin rueditas. Sonrío como siempre y lloro como nunca. Extraño, lanzo, amo, grito y me compadezco pero sobre todo me dejo ser ese mar revuelto porque sí.
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