04 PERFORMANCE
- Naiara Verdun
- 22 ago 2024
- 1 Min. de lectura
Con el resabio de un día no tan bueno, se desea que llegue una noche pacífica. El cuerpo apelotonado se dispone para hacer un recorrido minucioso por toda la cama. Los huesos pesan más que las palabras, los músculos se contraen, los pelos enmarañados entre las sábanas rústicas se pegan a la piel por la fricción continua que busca una posición que permita conciliar un sueño deseoso y sin pesadillas. Respirar como herramienta contra la ansiedad de un mañana. Vacilar, girar la cabeza hacia ambos lados, buscar cerrar los ojos con todas las fuerzas que en verdad no tenemos. Maldecir una acción, una situación y hasta la propia existencia como si pudiéramos solucionar el mundo con la almohada como jueza mediante. Mover los deditos de los pies al compás de una música inventada por la mente alborotada que pasa por los recuerdos más miserables y recónditos. Una burla al propio inconsciente que guarda todo bajo seiscientas llaves. Tomar aquellas memorias detonadas, como para sentir más ese papel de víctima que nos sienta tan bien y en ese mismo momento pedirle al genio de la lámpara que alguien nos rescate como si con nuestro consuelo no fuera suficiente. Abrir los ojos ante un día que nunca terminó, con esa resaca horrible de todos los memorándum de la noche. Despertar un rato, apoyar los pies en el suelo y volver a caer en el pozo de la rutina sin saber diferenciar ficción de realidad.
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